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“Es difícil no enamorarse del béisbol”

Lo admito, no entiendo el béisbol. Claro, eso no quiere decir que no entienda la pasión que logra desatar ese deporte en millones de fanáticos alrededor del mundo, y tampoco quiere decir que no pueda emocionarme y entretenerme viendo Moneyball, traducida al español como El Juego de la Fortuna

Allí, Brad Pitt se convierte en Billy Beane, gerente general de los Atléticos de Oakland, quien se empeña en armar un equipo de bajo presupuesto a través de estadísticas relacionadas con el desempeño de los jugadores. 

Dos guionistas intocables son los responsables del desarrollo de la historia, Steven Zaillian, encargado de guiones como La Lista de Schindler, Pandillas de Nueva York y Gánster americano; y Aaron Sorkin, ganador del Oscar a mejor guion por Red social. Y completando un triángulo casi perfecto, está Bennet Miller, un director que si bien no tiene una larga lista de películas, sí cuenta con una nominación al Oscar por Capote (2005).

Con una plantilla como ésta, sumando que es una historia de la vida real (de esas que encantan a los premios de la academia), queda claro el objetivo: obtener el mayor galardón del mundo cinematográfico. 

“El problema que estamos tratando de resolver es que existen equipos ricos y equipos pobres. Después hay 15 metros de basura. Y después estamos nosotros”, dice Beane para explicar la situación del equipo de béisbol que administra.

La meta del gerente general parece sencilla: conseguir un campeonato de Serie Mundial. Pero tiene que enfrentarse con varios obstáculos, el primero de ellos es el dinero, varios de sus jugadores estrellas se van del equipo por mejores opciones, y el sistema para intercambiar jugadores no favorece a los Atléticos. 

Una historia contada, mayormente, en vestidores, oficinas y a través de estadísticas y explicaciones deportivas. 

Saltos temporales que, casi siempre, explican las decisiones de Beane, son manejados con mucha precisión, así como close ups y jugadas en el campo con ausencia de sonido para causar mayor impacto. Miller apuesta a lo grande, mientras actores como Jonah Hill y Philip Seymour Hoffman acompañan satisfactoriamente el filme como actores de reparto.

Hill interpreta a un buscador de talento con métodos estadísticos, en esta ocasión toma un rol un poco más serio, sin deshacerse de la timidez que imprime en sus personajes, logrando también una excelente interacción con Pitt. 

Con un estilo similar a Red Social, Sorkin y Zaillian utilizan diálogos técnicos que al principio pueden costar un poco entenderlos, y más cuando no se sabe nada de béisbol. Pero en el trascurso del film el espectador agarra el hilo, y llega a un mundo lleno de estrategias, negociaciones y persuasión. Moneyball brinda la oportunidad de conocer un esquema deportivo que va más allá de un simple juego. 

La edición es limpia, el sonido es perfecto, la música magistral, contiene actuaciones de peso y un guión brillante. Sin más, me atrevería a decir que estamos frente a una obra maestra.
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