En el programa, hablaban sobre el cine como industria y lo importante que fue el trabajo del mago Georges Méliès para el desarrollo de la misma. Mientras hablaban no podía dejar de pensar en Hugo, la película más reciente de Martin Scorsese, no sólo porque es un gran homenaje al mismo Méliès, sino por los fragmentos de esas películas realizadas durante el nacimiento del cine, dando como resultado -cuando se hace la comparación con el cine “de ahora”-, una evolución tecnológica abismal y una complicación para narrar historias que realmente no se podría catalogar como buena o mala, sólo distinta.
Por ejemplo, la famosa Viaje a la Luna (1902), obra emblemática de Mèliés, dura poco más de 14 minutos y está basada en De la Tierra a la Luna, de Julio Verne y Los primeros hombres en la Luna, de Herbert George Wells. En ella se observa cómo seis astrónomos son lanzados al espacio por un cañón y su nave espacial aterriza en la cara de la Luna. Esa simple escena se ha convertido en la mayor referencia de los inicios de la industria del cine y ha colocado a Mèliés como indiscutible pionero.
Ahora, Scorsese se sumerge en el mundo en 3D y rinde tributo al fabricador de sueños, a través de la adaptación del libro infantil La invención de Hugo Cabret, de Brian Selznick.
La historia del niño huérfano de 12 años, Hugo Cabret, sucede en París, durante la década de los años 30. El joven, interpretado por Asa Butterfield, vive en la estación de tren Gare Montparnasse y se encarga de darle cuerda a los relojes, pero a escondidas del inspector de la estación (Sacha Baron Cohen) para no ir al orfanato. Simultáneamente, Cabret está obsesionado con un trabajo inconcluso de su padre: la reparación de un hombre mecánico capaz de escribir con una pluma estilográfica.
La primera parte del filme gira en torno a la reparación del gran invento y la historia de Hugo, utilizando piezas de la tienda de juguetes de Georges Mèliés, pero la verdadera magia comienza una vez logrado el objetivo.
Scorsese propone una estupenda declaración de amor hacia el cine, cargada de magia, sueños y todo lo relacionado con el mago. Desplegando, por una parte la grandiosidad de efectos especiales que derivan de la tercera dimensión, pero mejor aún, la historia de ese pionero que creyó en las infinitas posibilidades, incluso cuando los hermanos Lumieré, inventores del Cinematógrafo, aseguraban que el aparato era meramente para el estudio científico y no sería útil para un mago.
Aunque el filme de Scorsese no cumple con las características de las grandes obras, pues el principio se torna lento y carente de emoción, si es, sin duda, un homenaje majestuoso al cineasta francés, capaz de derretir el corazón de los cinéfilos y, más aún, de los nostálgicos.







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